-Hola – dijo un enfermero -, acabo de traerle su pastilla señor Donato.
-¡Muchas gracias! – Dijo Donato.
- De, nada estoy para servirle.
- A veces un agradecimiento puede estar bañado de sarcasmo ¿lo sabía?
- Tome su pastilla y no discuta más, que no le va a hacer bien.
- ¿Si le preguntara a usted por qué motivo debo tomar la pastilla qué me respondería?
- Debe tomarla porque tiene un trastorno evidente de personalidad.
- Es un trastorno totalmente natural y que no ha hecho daño a nadie ¿o sí?
- Sí, ha destruido muchas vidas.
- ¿No sucede eso porque choca con los estándares de la sociedad de turno? Además, mis hijas son grandes artistas y al suicidio no lo puedo ver con malos ojos; llega un momento en que no se desea vivir más y lo considero respetable.
- Probablemente sí, pero de todas maneras sabe que sólo sigo órdenes.
- Un esclavo de la rutina normal, ¡cierto! Olvidaba que estaba en un lugar donde cualquier actividad humana distinta a la común sigue siendo considerada una patología.
- ¡No es así!
- También sabemos que las pequeñas fallas genéticas nos llevaron a evolucionar y ser los seres que hoy somos. Entonces, ¿por qué considerar como un mal a las modificaciones que la naturaleza nos ofrece?
- ¡Basta!, Tome su pastilla o me veré obligado a llamar a los enfermeros.
- No se ponga mal señor, el mundo está lleno de incógnitas, la mía sigue sin respuestas.
Al terminar de pronunciar las palabras tomó la pastilla y luego se durmió.
--------------------------------------No sé por qué escribo estas cosas. Tal vez para malgastar tiempo.

